En un mundo en constante transformación económica, el efecto tijera emerge como un desafío global que amenaza la estabilidad de empresas, hogares y economías enteras. Comprender su origen, impacto y vías de mitigación es esencial para construir resiliencia financiera.
El concepto de “tijera de precios” surgió en la Unión Soviética tras la Revolución de 1917, durante la implementación de la Nueva Política Económica (NPE) en la década de 1920. Los precios agrícolas cayeron mientras los industriales subían, rompiendo el vínculo entre campo y ciudad.
Gráficamente, se representan dos curvas que se separan lentamente: una de costos/gastos que asciende y otra de precios o ingresos que desciende. Esta brecha gráfica similar a tijeras simboliza el crecimiento de tensiones en la economía y el capital de trabajo.
Los primeros estudios sobre el efecto tijera identificaron situaciones extremas que revelan su potencial destructivo:
Estos casos históricos muestran cómo la falta de mecanismos de ajuste oportunos puede llevar a desequilibrios profundos y prolongados.
En la actualidad, muchas empresas enfrentan la imposibilidad de repercutir aumentos de costos en sus precios de venta. Sectores intensivos en energía, como el eléctrico, ven sus márgenes comprimidos cuando políticas regulatorias y precios de insumos suben simultáneamente.
Similarmente, gobiernos subnacionales en Europa han reportado aumentos de gastos sociales por encima del 50% frente a ingresos fiscales estancados, anticipando un impacto negativo alto o moderado en sus finanzas.
Un estudio del Centro RA (UBA, junio 2025) documenta la aplicación del efecto tijera a la clase media formal urbana de AMBA. Mientras la inflación licúa ingresos reales, los costos de servicios esenciales suben hasta tres dígitos.
La falta de subsidios y transferencias para este segmento obliga a buscar alternativas como el uso de tarjetas de crédito o cambio de servicios privados por públicos, generando vulnerabilidad adicional.
Frente al efecto tijera, actuar con anticipación y flexibilidad puede marcar la diferencia. A nivel corporativo, se recomiendan:
Para hogares y familias de clase media, algunas acciones prácticas incluyen:
Más allá de las tácticas inmediatas, el verdadero cambio requiere una cultura de previsión y adaptación. Empresas, gobiernos y ciudadanos deben colaborar para:
• Diseñar políticas de ajuste gradual de precios y subsidios focalizados.
• Fortalecer redes de apoyo comunitario y cooperativas de consumo.
• Impulsar la educación financiera para mejorar la toma de decisiones.
El efecto tijera, aunque desafiante, también puede convertirse en una oportunidad para innovar, replantear modelos de negocio y reforzar la cohesión social. Al conocer sus raíces históricas y reconocer sus manifestaciones actuales, estamos mejor equipados para enfrentar las tensiones entre ingresos y costos.
Finalmente, convertir la adversidad en aprendizaje sostenido depende de nuestra capacidad de anticipar desequilibrios y actuar con valentía. Solo así podremos transformar la fragmentación en unidad y asegurar un futuro más estable y próspero para todos.
Referencias